El resumen de este texto puede ser agregado a la efervescencia, casi en forma de crítica maximalista, que se ha tomado las redes en estos días de primeros visionados de la nueva película de Paul Thomas Anderson. Es el mejor estreno hollywoodense del año, con escasísima competencia. Un ejercicio de ejecución cinematográfica tan impecable como implacable. Una obra indispensable de lo que va de la década y directo a los listados de este siglo.
La versión desarrollada, se extiende bastante más. Es una revisión sobre un artista abrumado, por lo cíclico de la historia de su país; un metraje sobrecargado, que el autor convierte en un mérito; un cineasta consumado, que exhibe su habilidad en el uso del montaje, la banda sonora, la construcción de tensión, y un ritmo despiadado que consigue que una película de dos horas y cuarenta minutos, sea tan entretenida, trágica, divertida y trepidante, que se sienta como de hora y media.
La historia está inspirada en Vineland, de Thomas Pynchon. Una sátira política sobre la resaca que dejó la revolución hippie, con la Era Reagan como paraje de fondo. Un ex militante revolucionario que cría a su hija en la clandestinidad, se ve alcanzado por su pasado, deberá huir y rescatarla. La ausente madre de la protagonista fue la causante de un cabo suelto en la historia de la célula insurrecta, que hoy tiene a su familia huyendo de un militar desequilibrado.
La historia base ya tiene todos los elementos de tensión dramática necesaria para crear una gran película. Más todavía considerando que los atributos narrativos de Paul Thomas Anderson (PTA de aquí en adelante) siempre han sido soberbios. Pero esta vez hay un mérito que debe ser tomado en cuenta y que se suma a las monumentales cualidades en las formas. Y es que el cinco veces nominado al Oscar como guionista y tres como director, se atrevió a hacer algo que no había hecho hasta aquí: contar una historia sobre el estado actual de su nación. Porque Una Batalla Tras Otra (One Battle After Another) no está situada en esos ficticios 80’ Pynchon, si no en un EE.UU. distópico, pero que es incontestablemente similar al de hoy.
Brian de Palma alguna vez deslizó una crítica a la generación de cineastas cinéfilos de los ‘90, diciendo que “Tenemos mucha gente haciendo Cine mirando el Cine que vino antes que ellos, y no mirando el Mundo a su alrededor”.
Más allá de los méritos de valor en sí mismo de esa afirmación, lo cierto es que hay un punto cuando revisamos esas filmografías. Autores contando sus historias en sus propias reglas. David Fincher arma universos cerrados, incluso al abordar historias reales. Tarantino literalmente ha ido creando mundos alternativos.
Y no es que PTA nunca hubiera contado historias sobre su país, abordó la brutalidad de los self made-man en Petróleo Sangriento (There Will Be Blood) y esa otra exportación no tradicional norteamericana, que es el intelectual que crea un movimiento religioso, en The Master: Todo Hombre Necesita un Guía (The Master). Pero no había ido por una representación contemporánea de la socio-cultura norteamericana. Y menos por una tan contingente. Casi puede sentirse un estado de perplejidad en esta pieza de su filmografía. Como si al abrir una ventana el sol le hubiera cegado y apenas puede acostumbrarse a este nuevo paisaje.
La ganancia nuestra, es que el californiano tiene tanto aplomo fílmico, que el resultado es alquimia pura: porque la única forma en que puede relatar la historia reciente de EEUU, es de manera frenética, caótica e inevitable. Una historia que arrastra cavilando durante casi dos décadas, pero “poco y nada cambió en 16 años”.
Y aquí nos topamos con el “problema” de Una Batalla Tras Otra: que en su fondo, es demasiadas cosas. Es una historia de padres e hijas. De la soledad paternal. De una ausencia generacional. Del fracaso de la revolución. De la derrota del liberalismo. De los fetiches del supremacismo blanco. De la frágil supervivencia en la solidaridad. De la imposibilidad de enfrentar al Poder cuando este ya ha mostrado todas su cartas y ha sido validado. Y un par de etcéteras que podrán desmenuzarse en los meses por venir.

