No hay satisfacción alguna en no poder llenar de elogios una película que lleve el apellido Safdie en la casilla de director y guionista. Tan solo tomando los tres últimos largometrajes bajo esa denominación: “Heaven Knows What“, “Good Time” y “Diamantes en Bruto” (Uncuts Gems), la sola idea de no poder escribir largo y tendido sobre los méritos de la fraterna dupla de cineastas, es bastante frustrante. Pero lamentablemente, no se va a poder.
Desde ya aclarar que los hermanos Safdie no dirigen esta película. La dupla de Bennie y Josh tomó rumbos distintos este año. Ambos fueron a escribir y dirigir una película sobre deportistas de la vida real, con protagonistas estelares. Mientras Josh estrenará a fines de este año “Marty Supreme“, la historia de un busquilla que se convierte en campeón de ping-pong, con Timothée Chalamet en el rol protagónico; Bennie Safdie nos presenta “La Máquina” (The Smashing Machine), con Dwayne Johnson en el rol Mark Kerr, quien fuera uno de los pioneros en las peleas de Artes Marciales Mixtas o MMA, por su sigla en inglés. En rigor, rumbos no tan distintos, temas similares, repartos conocidos, así que quizás es una sana competencia. Pero digamos que en este momento, Bennie partió la carrera con una salida en falso.
No me malentiendan, “The Smashing Machine” es una película por sobre la media. Las actuaciones son muy buenas, el ritmo es preciso, la historia es bastante fascinante y con oportunos giros dramáticos. Pero no puede ignorarse que su mayor pecado es justamente el ser una máquina: los engranajes son perfectos, el funcionamiento es ideal, pero es una obra fría. Incluso el naturalismo del registro casi en clave documental, se siente demasiado calculado.
Y es llamativo, porque tanto la trama como el personaje relatado, le permitían a Safdie jugar en terrenos que históricamente más le hubieran acomodado: narrativas que basan su tensión en la emoción de personajes fallidos. Las películas en donde ha puesto su firma, son reconocibles por enterrar dagas dramáticas en aquellos protagonistas y retorcerlas. “Diamantes en Bruto” expande eso hasta llegar a la audiencia y comprometerla en el desenlace. Y es por ello que, en el papel, la historia de Mark Kerr (Dwayne Johnson) servía totalmente a la rúbrica autoral: adicción a los narcóticos, tortuosa relación con su pareja (Emily Blunt), fracasos y triunfos deportivos. La expertise del director era la vuelta de tuerca perfecta a este tipo de crónica biográfica. Y sin embargo, falla justamente al convertirla en un vehículo de validación para su estrella, y ahí es dónde es inevitable hacer hincapié.
¿Es esta la mejor interpretación de Dwayne Johnson? En rigor, su mejor personaje es The Rock. Y sí, es un personaje. Y requiere interpretación. Y Johnson logró llevarlo al pináculo de su registro. No sólo a ser un estelar en la lucha libre, si no a cruzar exitosamente a los focos hollywoodenses. Participando en franquicias y construyendo un camino a ser considerado lo que en L.A. se denomina una “estrella”: levantar sus propios proyectos, elegir a sus coprotagonistas y equipo, vender muchas entradas.
Pero el tropiezo vino el 2022, con “Black Adam”, en donde el intento de forzar al alicaído DCEU a depender de él, falló estrepitosamente. De ahí sólo dos desabridos materiales para el streaming, aunque una de ellas terminara siendo un exitazo en cines, y este golpe de timón en busca de algo que las celebridades que llegan a la gran pantalla suelen buscar después de un fracaso: la validación dramática.

