No es de Bob Dylan, por cierto, pero “Esta máquina mata fascistas” es una de las frases que mejor define la música folk como empeño artístico en un momento aciago del Siglo XX. Salida de los obreros que fabricaban motores y piezas en el esfuerzo bélico norteamericano de los años 40, fue adoptada por Woody Guthrie, quien pegó ese sticker en su guitarra. Guthrie estaba convencido que frente a aquellos que pretendían uniformar a la fuerza, para así hacer funcionar su sistema como un mecanismo perfectamente engrasado, el acto de crear arte y difundirlo resultaba en una revolución en sí misma.
De más está decir que esto no necesariamente es cierto, es tan sólo lo que Guthrie pregonaba con su guitarra y armónica desde el escenario. Y decir que el autor de “This land is your land” es una influencia en Bob Dylan, es quedarse muy corto, porque Dylan también utilizó sus letras de la misma forma.
El director James Mangold abre Un completo desconocido (A complete unknown, 2024) rindiendo tributo a esa relación entre Guthrie (un siempre destacable Scoot McNairy) y Bob Dylan. Su conexión con el folk y de ahí el nacimiento de una leyenda que tomaría el peso específico al mundo y lo devolvería convertido en versos y música, dándole forma en un proceso sinérgico como pocos. Hablar del impacto cultural del premio Nobel de Literatura da para otros muchos y más extensos escritos. Acá tenemos que hablar de qué fue lo que hizo el director de Johnny & June: Pasión y Locura, Contra lo imposible y Logan con una figura así de trascendente.
La historia de Un completo desconocido está centrada en un periodo acotado de tiempo: entre 1961 y 1965. Desde la llegada de Bob Dylan a la escena musical neoyorquina a inicios de la década, hasta su presentación en el Festival Folk de Newport en 1965. Y recorre dos triángulos románticos: el primero, el del músico con la artista y activista Suze Rotolo (acá renombrada como Sylvie Russo), a cargo de una encantadora y potente Elle Fanning; y Joan Baez, en la exquisita interpretación de Monica Barbaro. Y por otra parte, el de Dylan entre el purismo del folk y la necesidad de seguir impulsándose musicalmente. Basado en el libro ‘Dylan Goes Electric’ de Elijah Wald, con guión del director y Jay Cocks (Silence, Gangs Of New York) y aprobado por el mismo Bob Dylan.
Y el resultado es intachable. Partiendo por su protagonista. Se habla mucho sobre si Timothée Chalamet ha alcanzado finalmente el estatus de estrella hollywoodense y esta era una prueba de fuego. Y hay que reconocerle que tomó una ruta poco usual en estos días, para llegar ahí, y que es desafiarse en su trabajo. Obvio que sólo está haciendo proyectos grandes, pero también es difícil negar que está en un momento de gracia. Una excelente selección de sus protagónicos del último par de años y una sorprendente ampliación de su rango actoral. Poco se parecen Paul Atreides, Willy Wonka y Bob Dylan, pero todos son sus propias personas en sus obras. Y todos son Timothée Chalamet. Y esto que pareciera olvidado, es clave en lograr un buen rol.
Chalamet interpreta a Bob Dylan, incluso a veces lo personifica. Pero evita a toda costa ser un mero imitador. Hay un mérito del cineasta tras las cámaras también. Saber justo cuando está capturando al personaje y dejándole el espacio a su actor para serlo. Esto mismo ocurre con Monica Barbaro, quien gracias a su Joan Baez, tiene el mundo por delante. Va más allá del registro vocal, o los muy buenos textos que tiene, es la forma en que su personaje enriquece y aporta a la historia. La selección de la estatuilla a mejor actriz de reparto este año, es simplemente imposible.


