“Cónclave”, nominada a 8 premios Oscar y protagonizada por Ralph Fiennes: Un cine ritual

El Papa ha muerto y es deber del Cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) el organizar el proceso que concluirá con el humo blanco en la sede vaticana. El Rey ha muerto y los Príncipes de la Iglesia deben elegir al sucesor: John Lithgow, Sergio Castellitto, Stanley Tucci e Isabella Rossellini, en el rol de la Madre Superiora que debe atenderlos durante el encierro hasta finalizar el proceso.

Un estupendo reparto que empuja una trama bastante predecible tanto en la construcción de los personajes como en sus decisiones, haciendo siempre justamente lo que esperamos de ellos. Y en dónde el pulso del relato pareciera no despegar nunca.

Entonces, ¿Qué hace que Cónclave (Conclave, 2024) se haya convertido en una de las películas más destacadas del año pasado? La respuesta pareciera ser la eficiencia de su director, Edward Berger, quien ha conseguido una de esos productos muy escasos en Hollywood, uno en dónde todos los aspectos exceden con creces lo que se le pide a los elementos por separado: excelentes interpretaciones, un guión con tintes teatrales, diseño de producción, vestuario, montaje, música, fotografía, etc. Todas las artes individuales al servicio de una amalgama que resulta lo suficientemente atractiva, a pesar de no tener momentos especialmente descollantes. Y puede que ese sea justamente su más frustrante mérito. Porque su guión destila una cualidad específica: lograr que el giro argumental no sea la clave. Abrir el regalo es satisfactorio incluso más allá de que intuimos el contenido. Podemos saber de antemano qué y quién (excepto quizás en uno de los giros), e incluso con ello, las revelaciones resultan peldaños que van intrigando a cada paso. O que al menos sostienen el camino.

Berger pareciera construir su película en torno a un tema: la duda. No de la forma evidente de uno de los mejores monólogos puestos en la pantalla, sino, directamente, en el género al que adscribe: el “procedural”, como armazón para el fondo temático. Esta revisión en tono detectivesco de un ámbito en específico, en este caso, los recovecos del poder en la Iglesia Católica. Tal como en un caso policial, cada descubrimiento pareciera acercarnos más a la verdad, pero en realidad lo que hacen es sembrar más incertidumbre. Y esta idea fluye hacia los personajes en todo matiz. El cómo van mostrando sus intenciones o cómo descubren las de sus pares. Todo devela, todo hace tambalear. Todo construye tensión sobre la monotonía del rito.

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