Antes siquiera de hacer el intento, muy probablemente fútil, de abordar “Mátate, Amor” (“Die My Love”), parece justo acotar dos líneas sobre esa misma aproximación:
La primera es que sí, podemos decir que esta es una película sobre la depresión post-parto.
No. Tachen eso.
Es un intenso y brutal drama sobre la depresión post-parto. Y a la vez, es bastante más que aquello, en todas sus dimensiones.
La segunda es que llegamos al cine en estos días con una pregunta enquistada: “¿Es esto para mí?”. Una película es como cualquier otro producto, y no una obra que requiere apreciación. Tenemos la intención de salir satisfechos, no incómodos. Celebrando que la película fue exactamente lo que queríamos ver, no haciéndonos preguntas sobre su post-textualidad. Rehuimos el desafío, porque angustias el mundo ya tiene muchas.
Y no es que el arte no pueda ser un disfrute, pero en un sistema en dónde todas las industrias, algoritmos y productos están enfocados en ello, es muy raro que una buena obra de arte hoy sea complaciente en todo aspecto. “Die My Love”(me permitiré entregarme a la varias militancias del título en inglés) no es eso. Ni siquiera lo busca.
Esto no es sorpresa alguna para quienquiera que haya seguido la filmografía de su directora, la escocesa Lynne Ramsay. Una de las fuerzas de la naturaleza fílmica que se ha ido tomando cada género por las astas, desde su debut en largometrajes hace poco más de un cuarto de siglo. Con “Ratcatcher“, Ramsay entró de forma inclasificable en el ‘british social drama’; “Morvern Callar” fue su primer acercamiento a la sensorialidad atada a la salud mental; “Tenemos que Hablar de Kevin” fue la “mainstream” que la presentó al mundo; y con su neo noir “En Realidad, Nunca Estuviste Aquí“, demostró que lo suyo es una voz contestataria incluso entre sus pares.
Su formación como fotógrafa resulta abrumadora. Cada decisión estética está pensada en transmitir aquello por lo que personajes están pasando o poniendo un aspecto de pantalla a un escenario. A Ramsay no le interesa tentar a quien está preguntándose qué película ver cuando ya está en la fila, le interesa que, sentado en la butaca, puedas sentir lo que sus personajes experimentan. Esa es su forma de contar historias. Y para eso tiene el talento de tan solo un puñado de cineastas actuales. Y además, está despojada de cualquier miramiento.
“Die My Love” no es la excepción. Por el contrario, se siente el ensañamiento.
Basada en la novela de Ariana Harwicz, ‘Mátate, Amor’, llegó a las manos de Jennifer Lawrence vía Martin Scorsese, quien la visualizó como la protagonista. Fue la productora de Lawrence la que contactó a Ramsay, una decisión tan arriesgada como atrevida, e integró a Scorsese como productor. La historia de una apasionada y joven pareja que se muda a un ambiente rural en una casa heredada y solitaria, para esperar el nacimiento de su hijo, tomó forma con tres guionistas: la misma directora, Enda Walsh (“Small Things Like These”) y Alice Birch (“Normal People”). Y sumó al reparto a Robert Pattinson como la pareja de Lawrence, Sissy Spacek y Nick Nolte como los padres de este, y LaKeith Stanfield, en un rol bastante inabordable.

