Pecadores, la nueva película de Ryan Coogler: una fábula gótica sobre colmillos, blues y redención

Spike Lee contaba alguna vez una anécdota sobre su obra maestra, Haz lo correcto. Decía que la gente a veces le preguntaba si Mookie —protagonista de la película— hizo lo correcto al arrojar ese tarro de basura. Lo curioso es que siempre, año tras año, década tras década, quienes se lo preguntaban tenían una sola cosa en común: todos eran blancos.

Los cineastas de raza negra en Estados Unidos se enfrentan a este dilema frecuentemente. Todos tienen algún ejemplo similar que contar al respecto. Parte de toda una cultura definida mayoritariamente por un aspecto: el racial.

Para los autores, esto termina por convertirse en un elemento ineludible. Por mucho que lo suyo sea abordar narraciones diversas, se ven enfrascados en su propio mundo. Algo que muy bellamente retrató American Fiction hace un par de años.

Son especialmente críticos con su propio arte, con sus personajes, con sus pares, con sus historias, pero eso no necesariamente lo entienden sus coterráneos, que también debieran ser una audiencia compartida. Simplemente no entienden por qué Mookie lanza ese tarro de basura.

Ryan Coogler tomó por asalto el cine hollywoodense, por todos sus flancos, hace poco más de una década. Acompañado de Michael B. Jordan, comparsa en todas sus películas, presentó un proyecto para revivir una franquicia largamente agotada, y fue desestimado.

Pero luego de la destacadísima Fruitvale station (2013), ese proyecto reverdeció y Creed (2015) resucitó a Rocky. De ahí, el salto a Pantera negra (Black Panther, 2018) lo pondría en el primer plano en demasiado poco tiempo. Una película basada en una historia real de abuso policial, la reanimación de una franquicia, uno de los más grandes éxitos del Universo Marvel.

Y ahora, después de repetir en Wakanda forever, por fin una obra completamente original de Ryan Coogler: Pecadores (Sinners, 2025). Y original, en el más amplio sentido de la palabra. Nada es nuevo, y todo lo es. Es un cliché tras otro, y de pronto ese cliché es algo que no habías visto nunca en una película.

Son los años 30 y dos gemelos (Michael B. Jordan) vuelven a su pueblo natal en Mississippi, luego de trabajar como matones en Chicago. En un estado segregado, compran un aserradero y pretenden convertirlo en un club con músicos en vivo, en donde su primo, un talentosísimo Miles Caton, liderará la noche de apertura.

Reencuentro con viejos amigos (Delroy Lindo, Lin Yun Li, Yao, Omar Miller), amores (Jayme Lawson, Hailee Steinfeld, Wunmi Mosaku) y una amenaza de colmillos afilados con la que no esperaban tener que lidiar. Del argumento, no necesitan saber mucho más que eso.

La presentación de los personajes es la primera parte de Pecadores y es un artilugio para construir un mundo, más que para empujar la trama. Cuando llegamos al sangriento conflicto ya sabemos más o menos el desenlace, pero queremos que los protagonistas sigan en pantalla.

Coogler se encarga de hacer que las interacciones sean del todo interesantes en su tensión, y que los convenientes descubrimientos del mito vampírico que nos convoca, nos lleven a un lugar común. Porque ese es uno de sus engranajes fundamentales: aquello que nos trajimos desde las fogatas y los cuentos y los cantos con el bosque de fondo. El sonido con el que espantamos a los malos espíritus cuando nuestros alojamientos era aquel lugar donde cayera la noche.

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