Mickey 17, el estreno de la nueva película de Bong Joon-Ho: No es país para sátiras

Mucho podremos decir del último año de cine hollywoodense, pero algo nos dejó claro el domingo del Oscar pasado: estamos en un instante de valoración sobre las obras y los autores que tienen algo que decir. Y más todavía si existe el talento para narrarlo. Con su estatuilla, Anora coincide con otra de las cuatro ganadoras de la Palma De Oro en Cannes y Oscar a Mejor Película, no sólo en conseguir ambos prestigios sino también en la tesis tratada: una perspectiva emocional y desde el punto de vista de la clase trabajadora a las ilusiones con las que se enfrenta al conflicto de clases. Parásitos es la obra maestra de Bong Joon-Ho, que al igual que Sean Baker, es un autor a quien ciertas materias parecen perseguirlo, o al menos lo suficiente para que su nueva película también corteje las mismas.

Mickey 17 es el tercer esfuerzo hollywoodense de Joon-Ho, y las similitudes tanto temáticas como estéticas con las anteriores son bastantes evidentes: todas tienen la avaricia corporativa como pie de inicio, la destrucción ecológica como fondo y la explotación de los recursos como punto de conflicto.

Mickey 17 es la historia de Mickey Barnes, un simplemente extraordinario Robert Pattinson, quien busca huir de la Tierra firmando un contrato en el cual le entrega su cuerpo y alma a una expedición especial liderada por un excéntrico político caído en desgracia (Mark Ruffalo en plan Trump) y su esposa, la siempre magnífica Toni Collette. Su cuerpo y su memoria son almacenados en una máquina que le permitirá ser reimpreso cada vez que muera. Gracias a esto se vuelve un recurso desechable a disposición de científicos y exploradores en esta misión a colonizar un planeta lejano. Nuestro protagonista es el número 17 de estas reimpresiones.

Basada en la novela de Edward Ashton, la aproximación del cineasta coreano es bastante desconcertante. No en sus temáticas, que son muy apreciables, si no en su tono. El director y primera vez guionista en solitario, decide tomarse con un negrísimo humor todo el asunto. Y es cuando el ritmo de la película funciona mejor, hay que decirlo. El problema es que muchas veces esas cuotas de humor son demasiado parecidas a algo de lo que ya no estamos tan dispuestos a reírnos.

No es que le neguemos a Joon-Ho el derecho a usar las formas retóricas que se le antojen, el sci-fi existe tiene sus mayores fortalezas en eso sin ir más lejos. Es que la sátira en estos días ya no es elegante para nadie. Menos todavía cuando es así de explícita. Ruffalo imitando al actual presidente de los EE.UU. pudo ser un detalle alentador, ¿pero gorras rojas con consignas? No es que esté mal repasar lo que el culto a la personalidad nos está haciendo perder como sociedad, es que la misma tecla no va a dar otra nota por más que se le machaque. Ese es el postulado que no le funciona a la película.

Lo cierto es que vivimos en una era tan absurda, que estos hechos ya son sólo parte del paisaje. La sátira no cuaja porque no es más que una descripción de nuestras pantallas de fondo. Una con la cual al menos la mitad de la sociedad está completamente de acuerdo. Entonces la pregunta más amplia, el qué nos define como sociedad, se encuentra cada vez más extraviada. Pero el qué nos define como seres humanos, aunque parezca menor en comparación, es una materia incluso más enjundiosa. Y la lectura más interesante de Mickey 17.

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