F1, la nueva película de Brad Pitt: entretención pura sin profundidad o lecturas

Un protagonista, que fue el mejor en lo que hacía, vuelve casi tres décadas después requerido por las circunstancias y la necesidad de un fiel amigo, a integrar un equipo de gente joven y talentoso, para enseñarles cómo hacer bien las cosas en la F1. Un interés romántico que ya tampoco está en su juventud. Un villano poderoso, pero finalmente no la amenaza real. Un remate en que la nueva generación aprende a usar hasta los mismos dichos que el veterano vino entregar. Triunfo y cerramos con el horizonte.

Hace tres años, el director Joseph Kosinski dio una de esas sorpresas que Hollywood tanto adora. Hizo una secuela con 36 años entre una película y otra, y no sólo excedió la calidad de la original, sino que tanto crítica como público la convirtieron en un éxito. Logró ser nominada a seis premios de la Academia, entre ellas mejor película, cosecharía un Oscar y se convertiría en una de las 15 películas más taquilleras de la historia, con casi 1.500 millones de dólares recaudados.

Mucho se habló en ese momento de que la razón era Tom Cruise, pero las dos siguientes Mission: Impossible quedaron muy lejanas en todo nivel a lo conseguido por Top Gun: Maverick. Acá una de las cartas en la mesa también era un titán hollywoodense llamado Jerry Bruckheimer. Productor ya legendario a estas alturas, lanzó carreras como la de Michael Bay, creó franquicias como Piratas del Caribe, y en la práctica, junto a su compañero Don Simpson, desarrolló un tipo de largometraje especialmente exitoso por allá por fines de los años ‘80 y principios de los ‘90.

Tramas sencillas, directas, protagonistas en la misma lid, todo en una intensidad lo suficientemente medida para resultar familiar y sorpresiva a la vez. Pero el nuevo siglo fue menos amable con ese estilo, aparecieron los superhéroes y el blockbuster moderno dejó a Bruckheimer en un segundo plano. Incluso con la mencionada secuela de Top Gun a su haber, tampoco podía ser considerado como causal definitiva.

Entonces la pregunta se hizo palpable: “¿Que tuvo Top Gun: Maverick que resultó exitosa allí donde tantas otras han fallado?” ¿Podría repetir alguna vez lo logrado el equipo de Kosinski en la dirección; una estrella de Hollywood ya entrada en años en el rol protagónico; Bruckheimer en la producción, incluso llevando de vuelta a Claudio Miranda en la fotografía y a Hans Zimmer en la banda sonora?

El intento de volver a meter el relámpago en la botella es F1 (F1: The Movie). La historia de Sonny Hayes (Brad Pitt), que fue el mejor en lo que hacía, y ahora vuelve casi tres décadas después, requerido por las circunstancias y la necesidad de un fiel amigo (Javier Bardem), a integrar un equipo de gente joven y talentosa, para enseñarles cómo hacer bien las cosas. Un interés romántico que ya tampoco está en su juventud (aunque afirmar esto es injusto, porque Kerry Condon tiene sólo 42 años). Un villano poderoso, pero finalmente no la amenaza real. Un remate en que la nueva generación aprende a usar hasta los mismos dichos que el veterano vino entregar. Triunfo y cerramos con el horizonte. En rigor, la misma película que Top Gun: Maverick, sólo que cambiando a Tom Cruise por Brad Pitt y los aviones por autos de competencia.

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