Probablemente no debiera partir por esto, pero lo cierto es que es un gusto poder comentar más de una película chilena por semestre. Y no es que al cine nacional le falte calidad, o diversidad temática, por mucho que la gente con serias reticencias a la estadística insista que el cine en Chile tiene un sólo motivante.
La realidad es que con la escasa industria que tenemos, el nivel de rendimiento es altísimo. Y eso se ha hecho notar en este último lustro especialmente. Porque los embates socioculturales con los que ha lidiado nuestro país, han hecho que las artes, incluídas las visuales, estén en ebullición.
Pero el tema es que las películas logren esa sintonía fina indispensable para cruzar esa barrera de audiencia y por fin pasen a ser comentadas fuera de sus nichos. Y este año pasó. Tenemos ya, al menos tres largometrajes, que están instalándose incluso más allá de sus resultado de taquilla: Oro Amargo de Juan Francisco Olea, Denominación de Origen de Tomás Alzamora, que es una sombra que se cierne sobre la que nos atañe en este texto: Los People in The Dragon del debutante Pablo Greene.
La historia de una banda promesa del rock chileno, que ha conseguido hacerse un espacio en la escena de la música nacional de principios de este siglo y escalar hasta llegar a lo que será su trampolín internacional: el Festival de Viña Del Mar. Pero una noche antes, pierden a su vocalista en un accidente y de ahí en más, todo es cuesta abajo.
Narrado en clave de documental de rock, y entregado totalmente a la comedia, es el guión del mismo Greene y de la talentosa Claudia Huaiquimilla el que destila algunas capas extras.
“Pensaba que iba a ser la típica de sexo, drogas y rock and roll…”
La cuña simple sería que Los People in The Dragon es una comedia muy graciosa, y lo es, de eso no hay duda. Catalina Saavedra como la manager, la groupie que consigue en parte su objetivo, y cada uno de los miembros de la banda tienen su momento en que pasan la incomodidad y lo absurdo para que las sonrisas lleguen a la butaca.
El chiste continuo de ‘Maná’ es una pequeña perlita. Pero lo cierto es que se atisba aquello que hace a una buena comedia algo que se queda un poco más allá del estruendo de las carcajadas. Su factor humano. No sé si atribuir esto a lo que ya conozco de la filmografía de su guionista, pero es una característica de sus personajes que, independiente del entorno, se sientan particularmente vivos.
Personas comunes y corrientes en situaciones francamente delirantes y que no dejan de apreciarse reales. Y es mérito de Greene también el hacer que esta banda de rockeros desadaptados, parezca realmente una banda de la historia de nuestro pop. Desde el aspecto físico de sus integrantes, hasta conseguir que las letras de las canciones, aporte de Abel y Camilo Zicavo, se escuchen como un hit radial de algún punto de nuestro pasado reciente.
Esta es una película sobre el éxito, la fama, sobre “hacerla” en Chile. Sobre estar cerca de triunfar y ver que quizás no era eso lo que buscábamos. De ser partícipe del arte, como una expresión personal, como un nexo social.

