“¡Malditos! ¡Volaron todo! Malditos… ¡Váyanse al diablo, malditos, váyanse al diablo!”
El grito de absoluto horror de Charlton Heston en el cierre de “El Planeta de los Simios” se convertiría en uno de los finales más impactantes y trascendentales de la historia de Hollywood y su éxito daría el puntapié inicial a una de las franquicias más longevas, de relativo éxito y sostenido impacto cultural por ya casi seis décadas.
Dirigida por Franklin Schaffner, y con la colaboración en el guion del legendario autor de “La Dimensión Desconocida”, Rod Serling, es una obra completamente de su época. Un tiempo en dónde las películas buscaban llenar la pantalla con narraciones excepcionales, las salas con una audiencia dispuesta a verlas y que, al encenderse las luces quedara una idea que hiciera sentido a todos. En este caso, una declaración anti-belicista representada en un mundo arrasado por el terror nuclear que acechaba a la sociedad de la época.
Y este punto es necesario reforzarlo. En los 56 años que lleva la franquicia del “Planeta de los Simios” ha habido mucha imaginación para contar sus historias. Mucho y variado fondo que abordar con ellas. Y más allá de los factores presupuestarios, formas ingeniosas para plasmarlas en la pantalla. Viajes en el tiempo, humanos mutantes, cultos, magia, profecías, revoluciones, coexistencia, etc.
Todos y cada uno de los aportes a la saga, han tenido algo que decir. Del mundo. De nuestra sociedad. Advertencias, reflexiones sobre la historia y su tozudez cíclica. Con sus personajes. Llevándolos a algún lugar no geográfico, sino más bien dramático. Por sobre el maquillaje o los efectos digitales, “El Planeta de los Simios” siempre ha tenido una propuesta. Un “mensaje”, si así lo prefieren.
Y no es que pretendieran tener un punto político con el que el público concordara, que fueran progresistas, diversas, etc. (más allá del hecho de que en su momento hasta se hacían cargo, con modesto presupuesto, del clamor por los derechos civiles en la sociedad norteamericana de los ‘70), pero sí estaba la intención de instalar un punto a debatir.
Cuando después de casi 35 años de ausencia en sus creaciones originales, 20th Century Fox se decidió a relanzar la franquicia, lo hizo sin dejar de lado este aspecto, y el año 2011 se estrenaría “Rise Of The Planet Of The Apes”. Traducida en Latinoamérica como “Planeta de los Simios: (R)Evolución”, su campaña de marketing fue concebida principalmente con iconografías contestatarias.
Porque sí, hoy puede parecer un tanto difícil de creer, pero hubo un momento por allá por la década pasada en que la idea de que una nueva generación finalmente se alzara en contra de los abusos de la clase dominante, era una buena forma de promocionar un producto.
Claro, la película sí trataba sobre cómo la avaricia corporativa y su continuo desprecio por la ética nos podría llevar perfectamente a una pandemia que nos diezmara, pero el guion de Rick Jaffa y Amanda Silver tenía como corazón la conexión emotiva del chimpancé César (aquella figura mítica del “Dador de Ley”) con los humanos con quienes crece, y las dificultades en liderar a sus pares hacia una nueva sociedad.
Luego en “Dawn of the Planet of The Apes” (“El Planeta de los Simios: Confrontación”), ya no hay necesidad de esa revolución y el ahora director Matt Reeves deja el punto y va a los clásicos cuasi shakesperianos: “Pesada es la cabeza que porta la corona” bien puede definir esa película, más allá de algún enfrentamiento con los humanos restantes.

